LA VOZ DE LAS TRABAJADORAS SEXUALES EN LA SESIÓN PLENARIA (07/08/08) Más de diez mil personas ovacionaron a Elena Reynaga, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y secretaria ejecutiva de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex), durante su exposición en la XVII Conferencia Mundial de Sida en México. En diecisiete años de conferencias mundiales de sida, esta es la primera vez que una trabajadora sexual es seleccionada como expositora de una sesión plenaria, Reynaga hizo escuchar su voz, que es la de todas las trabajadoras sexuales. “Para reducir la exposición al VIH necesitamos lograr que se respeten los derechos humanos de las trabajadoras y trabajadores sexuales y personas transgéneros a las que muchas veces se nos niega el acceso a la salud, a los derechos humanos e, incluso, a la propia existencia. Sin embargo, existimos”. Con este planteo comenzó la exposición de la dirigente argentina dejando en evidencia la relación existente entre violaciones a los derechos humanos de trabajadoras sexuales, pobreza y VIH. Reynaga, quien elaboró su discurso en co-autoría con la trabajadora sexual canadiense Anna Louise Crago, afirmó que el doble estigma contra el trabajo sexual y el VIH se usa en muchos lugares para justificar la represión policial. Según cifras del grupo ALCIS, entre febrero y abril de 2007 en Congo se produjeron 29 casos de violencia sexual por militares y policias contra trabajadoras sexuales; después de esos ataques, muchas mujeres recibieron diagnósticos de VIH positivo. En América Latina, la RedTraSex lleva contabilizados 34 crímenes contra mujeres trabajadoras sexuales en los últimos diez meses en América Latina. Una buena parte de la exposición fue dedicada a las políticas de cooperación, que para Reynaga tiene tres grandes problemas: Reynaga criticó algunos de los programas impulsados por Onusida en la actualidad: “No hay ninguna evidencia científica de que los programas llamados “de rehabilitación del trabajo sexual” sirvan para frenar el VIH. ¿Cómo puede ser entonces que recursos para prevención del VIH vayan a parar a estos programas? Mientras tanto, según cifras de ONUSIDA una de cada tres trabajadoras del sexo no recibe los servicios de prevención o de tratamiento del VIH. Las trabajadoras y trabajadores del sexo están muriendo por falta de servicios de salud, por falta de condones, por falta de tratamiento, por falta de derechos… ¡no por falta de máquinas de coser!” Por último, concluyó con la utopía de las trabajadoras sexuales: el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo. “Queremos ser libres para hacer, para equivocarnos, para aprender. Libres y fuera de toda clandestinidad, porque esa es la mejor maneja de construir una respuesta efectiva ante la epidemia del VIH/SIDA. Las trabajadoras y los trabajadores sexuales no somos el problema, somos parte de la solución”. La ponencia completa puede leerse en: www.redtrasex.org.ar o bien en www.ammar.org.ar |
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